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Los medios de comunicación de todo el planeta se han echo eco de la Fórmula 1 durante este fin de semana. Todos han informado de la retirada de Schumacher, de la sanción de Alonso (y sus mordaces comentarios al respecto), de la carrera, e incluso de las ¿inoportunas? declaraciones de Flavio Briatore.

Y todos parecen estar de acuerdo en que Briatore dijo lo que dijo movido por la indignación y el enfado. Aunque yo diría que lo hizo empujado por la impotencia de que él “no ha mandado a sus monoplazas a luchar contra los elementos”… de la FIA.  

Y a todos les parece correcto que Briatore intente retractarse de sus afirmaciones, porque, según parece, todos ven lógico que la FIA tenga potestad para amenazar al director deportivo del actual equipo campeón del mundo con medidas disciplinarias tan irracionales como la ¡exclusión! del mundial de este año.

¡Y eso, sólo por decir lo que piensa! Él y muchos -demasiados- seguidores que nos sentimos defraudados con esta Fórmula 1 fiscalizada por la MA FIA. 

Eso se llama coartar la libertad de expresión, y se llama caciquismo. Palabra que, curiosamente, rima con automovilismo.

Es inconcebible que un deporte negocio tan tecnológico como la Fórmula 1 esté gobernado por una autoridad tan vetusta y déspota como la FIA (Federación Inquisitorial de Automovilismo).