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Pocos automóviles llaman tanto la atención como una de esas limusinas inmensas que generalmente sólo vemos en las películas. Y más la de la foto (que si no me equivoco está basada en un Bentley Chrysler 300 C) con ese color blanco resplandeciente que contrasta con el negro de los cristales tintados.

Lo que esconden esos cristales oscuros es un ambiente, más que lujo, lujurioso. Lo digo porque no se ven los aparatos propios de una oficina rodante (fax, portátil, impresora, etc.).

Más bien parece uno de esos lugares idóneos para cerrar, a base de champán y otros ingredientes, esa clase de contratos multimillonarios que se suelen pagar con billetes de 500 euros.

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