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La polémica de la temporada 2007 de F1 ya ha saltado: según algunas escuderías (encabezadas por Spyker), los coches de Super Aguri y Toro Rosso serían ilegales según el reglamento actual, al montar elementos de otros equipos.

Según publica “autosport.com”, el asunto dominó las casi tres horas de la reunión que los jefes de los equipos del Mundial mantuvieron el viernes en Montecarlo antes de la gala de entrega anual de premios de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). La denuncia consiste en que varios equipos consideran que Super Aguri y Toro Rosso podrían incumplir las normas que obligan a cada escudería a construir su propio coche, a excepción del motor.

La queja se basa en que Super Aguri planea presentar una evolución del bólido con el que Honda corrió en 2006, el RA106, y que Toro Rosso utilizará el mismo tren delantero que el equipo Red Bull, con el que comparte dueño. Las únicas diferencias en el diseño de ambos bólidos estarían el tren trasero, porque el Red Bull estará propulsado por Renault y el Toro Rosso por Ferrari.

Ambos equipos niegan las acusaciones. “No es una modificación, lo repito. Haremos el mejor coche posible sin infringir las normas. Ese es nuestro objetivo. Conocemos las reglas, las estudiamos, y tenemos mucho apoyo de Honda. Así que tenemos que tomar la máxima ventaja que nos dejen tomar”, afirmó Daniel Audetto, director general de Super Aguri.

En la reunión se propusieron varias soluciones al conflicto. Una de ellas podría ser que Super Aguri y Toro Rosso renunciasen a competir en el Mundial de constructores y sólo participasen en el de pilotos, algo que tendría serias implicaciones económicas, porque la clasificación final del Mundial de constructores es la que determina el monto que recibe cada equipo procedente de los ingresos de televisión y para los viajes a los Grandes Premios fuera de Europa.

No sería la primera vez que la Fórmula 1 hace una excepción para el equipo Toro Rosso. En 2006 los bólidos del antiguo equipo Minardi corrieron con motores V10, pese a que las normas obligaban a todas las escuderías a usar propulsores de ocho cilindros. A cambio, Toro Rosso se vio obligado a limitar las revoluciones que podía alcanzar el motor.