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El pasado día 21, el señor alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón (el que aparca donde no debe), estimó oportuno ejercer de maestro de ceremonias en la presentación del Rally Dakar 2007. Como se suele decir, el caso es figurar.

Aseguró que los madrileños están “muy identificados con esta aventura”. Y no le falta razón. No hay más que ver cómo tiene la capital con sus obras y sus parquímetros para saber a qué se refiere.

Entusiasmado con el ambiente competitivo, creyó que estaba en la salida de la campaña electoral, y micrófono en mano, inicio su carrera particular con meta en las próximas elecciones municipales: “A lo mejor un día el Dakar sale de Madrid”.

¿Comooor? ¿Pero no habíamos quedado en que al señor alcalde lo que de verdad le pone son los Juegos Olímpicos? Para que el Dakar salga de Madrid no hay más que construir la rampa de salida, y para eso sólo hacen falta cuatro chapas y un puñado de pegatinas. No se necesita hormigón, ni ladrillos, ni túneles…

Señor alcalde, modere su entusiasmo: sus asesores le deberían haber informado que el Rally Dakar termina a orillas del Lago Rosa, y sus colegas de partido ya le advirtieron en su día que ese color no le favorece nada. Olvídese del Rally Dakar y , la próxima vez, pruebe suerte en el Rally de los Faraones.