
Existe el hidrógeno, y, por ignorancia, esperanza o convencimiento, nunca he sido partidario de los biocombustibles. No creo que sean la solución a los problemas de contaminación y cambio climático que ahora tanto parecen preocupar al ser humano civilizado (ahora, cuando se ha dado cuenta de que también le afectan a él directamente).
Más bien me parecen un falso remedio creado para acallar a la multitud con consentimiento de los grandes dominantes del mercado energético mundial. Con los biocombustibles podrán seguir mandando los mismos que ahora controlan la industria del petróleo; el hidrógeno, por contra, amenaza sus privilegios.
Pero mis mayores reparos al invento de los biocarburantes (como su propio nombre indica: biológicos, que no necesariamente ecológicos) surgen desde el punto de vista ético: dedicar cada vez mayores extensiones de terreno a cultivar plantas para transformarlas en combustibles para nuestros coches mientras millones de personas viven con la permanente amenaza del hambre y la miseria resulta intolerable.
Y si esta idea ya resulta siniestra, el siguiente paso que tienen previsto dar solo se puede calificar de repugnante: utilizar la grasa de los animales de granja (cerdos y vacas, principalmente) para producir biodiesel. Qué cruel sarcasmo: toda su vida confinados en jaulas minúsculas para, una vez después de muertos, servir para que sus verdugos se pueden mover libremente por el mundo.
¿Cual será el próximo avance: ordeñar directamente gasolina sin plomo de vacas genéticamente modificadas? ¿aumentar el cupo de ballenas cazadas con fines supuestamente energéticos científicos?
Lo dicho: los biocombustibles ciertamente son biológicos; dudo mucho que sean ecológicos, pero de lo que sí estoy seguro es de que no son nada lógicos.
A algunos les parecerá una buena idea. Ya se sabe que, del cerdo, hasta los andares acelerones.
Los peor son las grandes extensiones de selva amazonica que se destinan a la plantación de cultivos destinados a generar biocombustible.
Teniendo en cuenta que el suelo amazonico es el más pobre del planeta (irónicamente es así, a pesar de que es capaz de soportar a una altisima densidad de organismos, estos se lo comen todo y al suelo no cae ni un solo nutriente), se estima que estos cultivos podrán cultivarse durante un periodo corto de tiempo (nunca más de 10 años) y luego lo que quedará allí sera desierto.
Puro desierto con baja probailidad de recuperación, ya que dado que el suelo es tan pobre hay no crece nada…