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Los climatizadores de los automóviles también contribuyen al cambio climático. Así lo afirma la oficina alemana de medio ambiente (UBA, Umweltbundesamt), pues el gas refrigerante que utilizan, el R 134a, es un Hidrofluorocarbono (HFC) que si bien es menos perjudicial para la capa de ozono que los primitivos Clorofluorocarbonos (CFC), tiene una capacidad 1.300 veces superior al CO2 para provocar efecto invernadero.

Un coche normal, con sus inevitables pérdidas de gas del equipo de aire acondicionado, viene a tener unas emisiones equivalentes a liberar, solo del funcionamiento del sistema de climatización, unos 7 gramos de CO2 por kilómetro. Son cantidades pequeñas, pero multiplicadas por el número de coches y por el elevado poder de efecto invernadero de este gas, son equiparables a la emisión de millones de toneladas de CO2.

Las normas europeas obligarán, a partir del 1 de enero de 2011, a sustituir el R 134a por otro gas menos dañino para el clima. Y aquí llega la paradoja: la mejor alternativa es precisamente el CO2, también llamado refrigerante R 744. Los expertos en medio ambiente están intentando convencer a los fabricantes para que comiencen a emplear el CO2 lo antes posible.