seatalteafreetrack.jpg

Hasta hace bien poco, la mayoría de fabricantes de autos tenía la fea costumbre de ofrecer las versiones inferiores de cada modelo con paragolpes de plástico negro. El que quería un coche de un solo color, tenía que echar mano de las versiones más caras, las que disponían de más motor, más equipamiento y los paragolpes pintados en el color de la carrocería (un extra que sumaba unos cuantos duros a la factura final).

Aquella moda, que parecía destinada al olvido, ha vuelto con fuerza en los últimos tiempos. Me vienen a la mente el Renault RX4, el Skoda Scout y, como gota que colma el vaso, el último engendro de la agonizante SEAT, el Altea Freetrack.

La idea no puede ser más casposa: han cogido un monovolúmen (el Altea XL), le han dado un poquito más de altura libre al suelo (4 centímetros superior a la del modelo original, todo un logro), le han dotado de una transmisión total que se guía por la ley del mínimo esfuerzo y, para colmo, le han enchufado esos horribles parachoques de plástico negro con el agravante de ampliarlos hasta cubrir también los pasos de rueda. Así nos quieren hacer creer que eso es el primer SUV de la marca española.

Ellos, desde luego, parecen convencidos de su invento, a tenor de todo el bombo y platillo que le están dando en el Salón del Automóvil de Barcelona, que hoy abre sus puertas al público.

Tranquilos, que seguro que habrá gente que pique… los SUV y sus sucedáneos están de moda. Y los plásticos negros también.