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Dentro de unos días se correrá la famosa subida a Pikes Peak, en Colorado. Y es una pena que Audi no haya aprovechado la ocasión para celebrar de forma más efusiva sus tres gloriosas victorias consecutivas en la que es una de las competiciones automovilísticas más antiguas que existe.

En 1985, Michelle Mouton iniciaba el asalto a la colina que lleva el nombre del primer “rostro pálido” que intentó su ascenso sin conseguirlo, Zebulón Pike.

¿Una mujer en un cochecito con un pequeño motor de 2,1 litros, turboalimentado pero con solo 5 cilindros, enfrentándose a los monstruosos Chevys y Dodges con motores inmensos y potencias descomunales?

Las sonrisas condescendientes de aquellos granjeros americanos fueron muchas, pero duraron poco. Lo que tardó Lady Mouton en escalar la montaña en un tiempo record: 11:25.39. Definitivamente, Audi no había ido a Pikes Peak a contemplar el agreste paisaje.

En 1986, los cuatro anillos volvieron a las Rocky Mountains, ahora a manos de un veterano de la prueba: Bobby Unser Sr. Esta vez todo el mundo daba por hecho que el David alemán volvería a humillar a los Goliaths locales, pero nadie imáginaba que lo haría con un crono de 11:09.22, ¡16 segundos menos que el año anterior!

En 1987, llegó el Gran Duelo al Sol. Peugeot también tenía unos cuantos 205 Turbo 16 del Grupo B sobrantes, excomulgados del mundial de rallies. Cogieron tres de ellos, los metieron en un avión junto a Ari Vatanen, el quíntuple ganador del Safari Rally Shekhar Mehta y Andrea Zanussi, y los mandaron al infierno polvoriento de Pikes Peak.

Audi parecía dudar de sus posibilidades, y solo envió un fantasmagórico Sport Quattro S1 de batalla corta apretado hasta los 600 C.V. El piloto del infierno elegido para la ocasión: el incombustible Walter Röhrl.

El día de la carrera, Röhrl inició su ascenso desde Crystal Creek, a 2866 metros de altitud, en penúltima posición. Detrás de él, Ari Vatanen. Por delante, 20 kilómetros, 156 curvas y la meta a 4.301 metros de altura. Con razón la llaman La Carrera de las Nubes (Race to the Clouds).

El alemán consiguió un tiempo de 10:47.85, nuevo record absoluto de la prueba. El finlandés también mejoró la plusmarca oficial con 10:54.38, pero no fué suficiente para derrotar al Audi. Una fuga en un manguito le impidió mantener la supremacía que había demostrado durante los entrenamientos.

El equipo hombre-máquina germano, por el contrario, no cometió errores. Röhrl llegó a engranar la 6ª velocidad en cuatro ocasiones, y el radar lo cazó, en el punto más rápido del recorrido, a 196 km/h.

Audi no volvió a Pikes Peak, pues no le quedaba nada que demostrar y se había encaprichado de las USA Trans Am Series.

Vatanen regresó en 1988, esta vez a los mandos de Peugeot 405 GR especialmente adaptado para la carrera. Junto a los más de 600 C.V. y los imponentes alerones que compartía con el Audi, el Peugeot contaba, además, con dirección a las cuatro ruedas. El finlandés volador hizo honor al sobrenombre y voló hasta la meta en 10:47.22.

Fué la última vez que un Grupo B levantó tanta polvareda en las tortuosas pistas de Pikes Peak.