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Un profesor de química de la Universidad de Windsor puede puede que tenga en sus manos las llaves que abran definitivamente las puertas del coche de hidrogeno.

Al menos eso creen los directivos de Chrysler, que han firmado con el Prof. Antonelli un contrato para ayudarle en sus investigaciones con un apoyo financiero de 100.000 $ anuales durante dos años para facilitarle el desarrollo de sus descubrimientos.

Antonelli parece haber encontrado el camino para solucionar uno de los grandes problemas que presenta el hidrógeno como combustible: el almacenamiento.

El hidrógeno es gaseoso a temperatura ambiente, y para poder almacenarlo se requieren elevadas presiones o temperaturas extremadamente bajas. Los depósitos resultan caros, pesados y poco prácticos.

Antonelli, sin embargo, ha sido capaz de almacenar hidrógeno en tanques de baja presión empleando un material obtenido a base de óxido de titanio y sílice. El compuesto presenta una elevada afinidad por el hidrógeno a temperatura ambiente, pudiendo retener una cantidad importante de gas.

Los estudios de Antonelli llegaron a oídos de Tarek Abdel-Baset, un especialista en células de combustible y almacenamiento de hidrógeno a sueldo de Chrysler, que no dudó en ponerse en contacto con el doctor americano.