El primer coche automático que conduje en mi vida fue un Chevrolet Malibu de 1981, marca y modelo de la que guardo bonitos recuerdos. El Malibu ha sufrido una metamorfosis tal a través de los años, que es imposible ver un parecido entre el viejo modelo y el nuevo.
Del motor V8 350 que portaba aquel Malibu al 4 cilindros híbrido con motor eléctrico de baterías de nikel del 2007, hay una enorme diferencia (para bien), en consumos, en conducción y en seguridad.
El objetivo de GM ha sido poner al alcance de casi todos los bolsillos un coche híbrido con consumos decentes; las cifras entregadas por GM hablan de casi 12 km/litro en ciudad y 15 km/litro en autopista. Para ello el Malibu se vale de su motor 2.4 de 4 cilindros Ecotec de 164 HP, una caja automática de cuatro velocidades y un motor eléctrico de 36 voltios.
El sistema híbrido del Malibu actúa automáticamente en diversas situaciones de conducción: por ejemplo en las paradas de los semáforos apaga el motor de manera autónoma y lo enciende cuando uno quita el pie del freno. En desaceleraciones la bomba de gasolina corta o minimiza el flujo de gasolina, además de recargar el motor eléctrico con la energía kinética del motor, como pasa en otros sistemas híbridos.
Para mantener bajo el consumo, uno de los métodos usados es que las ruedas sean angostas, para ofrecer menos resistencia al pavimento. Las que GM incluye en el Malibu son de 16 pulgadas.
En la nota de prensa no se menciona ningún precio, sólo que el modelo estará a la venta en septiembre, ni tampoco cómo llegarán los nuevos modelos V6 de gasolina, aunque se habló hace unos meses de una nueva transmisión automática de 6 velocidades. La incógnita sigue abierta.
El Malibú seguirá siendo un clásico de los coches medianos norteamericanos y no dudo de que su híbrido le de más oxígeno a la marca, algo que necesita desesperadamente.