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“Así serán las carreteras del futuro”.

La frase fue pronunciada hace hoy 75 años por Konrad Adenauer, entonces alcalde de Colonia. Era el 6 de agosto de 1932, y con estas palabras inauguraba una nuevo tramo de carretera entre Colonia y Bonn.

La nueva vía, de 20 kilómetros de longitud, disponía de dos carriles para cada sentido de circulación y, aunque entonces no contaba con mediana, tampoco tenía ningún cruce o intersección a nivel con otra carretera: se acababa de abrir al tráfico la primera autopista de Europa, la abuela de las envidiables Autobahnen alemanas de uso gratuito.

El día antes, el periódico de la ciudad dejaba bien claro que el tramo era exclusivo para vehículos a motor y que se prohibía el acceso a vehículos de caballos, bicicletas, ciclomotores y peatones.

Ciertamente existía un antecedente anterior: en 1921 había entrado en funcionamiento el famoso tramo berlinés de Avus, el primer tramo tipo autopista que se inauguró en el mundo, pero este había sido construido con financiación privada. Para utilizarla se exigía peaje y se destinó, principalmente, como pista de pruebas y competición.

Por tanto, es el tramo de Colonia-Bonn el verdadero precursor de las Autobahnen actuales. Su inauguración se celebró casi medio año antes de la llegada al poder del partido Nazi, lo que desmiente la leyenda de que fué Adolf Hitler el inventor de las autopistas germanas.

La vía se construyó para descargar la carretera nacional existente, que ya entonces (hablamos de 1932) era incapaz de soportar un tráfico que se acercaba a los 18.000 vehículos por día. En 1955 pasó a formar parte (como A 555) de la red de autopistas estatales, que actualmente llega a los 12.400 kilómetros.

En 1966 se hizo necesaria la ampliación: pasó a tener 3 carriles por sentido y, por supuesto, su correspondiente mediana.

Vía: Spiegelonline