

Mucho se ha hablado estos días sobre la manifestación de activistas de Greenpeace, frente a la fábrica de Porsche, para encumbrar al Cayenne como el “Rey de los cerdos climáticos” por sus ingentes emisiones de CO2 y otros gases nocivos. (Por cierto, ¿qué tendrán que ver los pobres cerdos a la hora de hablar de la mierda que echamos los monos?).
Aunque hubo actos parecidos para otras marcas, el más sonado fué el de la casa de Stuttgart por el recibimiento que hicieron a los ecologistas, con pancartas en clave de humor en las que les daban las gracias por prestarles atención.
La manifestación transcurrió en un ambiente cordial y respetuoso; las pancartas consiguieron su efecto, pero esa no fué la única anécdota de la jornada.
Los manifestantes habían acudido con el inexcusable Cayenne pintado de rosa y sus correspondientes orejas y nariz de gorrino. Pero a la hora de recoger los bártulos para marcharse, el Porsche les hizo la oportuna marranada de negarse a arrancar, supongo que por aquello de haberlo dejado en evidencia con semejante disfraz.
Pero el amor propio pudo más que la ofensa, y los trabajadores de la fábrica (en definitiva, los padres de la criatura) sacaron sus cajas de herramientas para socorrer al hijo pródigo: la batería estaba agotada. Mientras se solucionaba el problema, los mecánicos ofrecieron a los contrariados ecologistas unas tazas de café que estos no se atrevieron a rechazar.
No sé si Greenpeace tiene intención de hacer lo mismo frente a la fábrica de Ferrari, pero les aconsejo precaución: si un Porsche enfadado puede negarse a arrancar, un Ferrari ridiculizado no se va a poner más rojo de lo que ya es, pero es capaz de echar a arder allí mismo. No es la primera vez que ocurre, y sin motivo aparente.

estare pendiente a ver que pasa cuando lleguen por ferrari ;-)
igual de feo, de que el mercedez