
Ni FIA, ni leches. Aquí el que ha partido el pastel ha sido Ecclestone, y como buen repartidor, se ha quedado con la parte del león.
McLaren se queda sin el título de constructores. Menuda tragedia. Es un título con un valor publicitario ridículo frente al título de pilotos. No hay problema en regalárselo a Ferrari.
Pero Bernie, que no es tonto, sabe que esto es solo un castigo simbólico. Quería darle una buena hostia a McLaren (sin tocar a su venerado Hamilton, que tantos beneficios le puede deparar en el futuro) y se la ha dado donde más le podía doler y a él más le podía beneficiar: en la billetera.
100 millones de dólares menos la cantidad que obtendría de los derechos televisivos de la FOA por los puntos conseguidos hasta el momento. El problema tampoco es grave: ahí están los clientes de vodafone y del banco de santander para hacer frente a los 60 ó 70 millones de deuda que Berrnie se echará a la buchaca.
Los pilotos salen indemnes, para que ambos luchen por el título de Campeón del Mundo de F1, que obtendrán, esto nadie lo olvidará, con un Mercedes-McLaren.
En las cuatro carreras que quedan, el circo seguirá funcionando a máximo régimen, y la caja registradora también.
Y ahí tenemos ahora a todos los indocumentados hablando de que esta es la sanción más dura de la historia de la F1. Salvo desde la perspectiva económica, eso es mentira.
En 1984, la escudería Tyrrel y sus pilotos (Martin Brundle y Stephan Bellhof) fueron descalificados del campeonato por un problema con el peso mínimo de los monoplazas que los ingenieros disimulaban con bolas de plomo en el depósito de combustible. Equipo y conductores perdieron los puntos conseguidos y se les mandó a casa para las carreras que quedaban por disputar.
Pero claro, aquella F1 tiene muy poco que ver con la de ahora.

