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Aunque cueste creerlo, en algunos países se instalan cámaras de tráfico cuya misión no consiste en dejar constancia de los lucrativos excesos de velocidad.

El aparato de la foto, desarrollado por Acoustic Research Laboratories de Nueva Gales del Sur (Australia), pasa olímpicamente de medir la velocidad de los automóviles que se le acercan.

Equipados con micrófonos, cámara de video y conexión wifi, estos sistemas detectan, graban y denuncian a todos aquellos capullos que pasan por su lado haciendo más ruido del que permite el sentido común.

Da igual que la causa sea un equipo de música “tuning” más propio de una discoteca (los que chupan tanta electricidad que no dejan suficiente para accionar los elevalunas) o un tubo de escape de esos, digamos, artesanales.

La cámara se irrita (reacción absolutamente comprensible), graba una secuencia de 10 segundos, audio incluido, y pone en marcha la correspondiente denuncia de forma automática.

A quien corresponda: ¿Cuando empezaremos a ver estos “vigilantes” en España? Aquí, las posibilidades de este negocio son inmensas.