
Lo siento. Tal vez yo no sea un blogger del motor como marcan los cánones.
Sinceramente, cada vez me llaman menos la atención los “supercarrazos” con tropecientos caballos, los excesos de tuneros empeñados en ponerle a un coche más alas que a las avionetas de los hermanos Wright, las hazañas estratégicas deportivas de las estrellas del circo de la F1 actual, los programas de televisión al estilo MQC, ni muchas de las cosas que, en teoría, deberían elevar los niveles de adrenalina de un “buen aficionado” al mundo del motor.
Tal vez me esté haciendo viejo. Me interesan más los carburantes alternativos (biocombustibles no, gracias), los coches que sirven para algo más que para epatar a amigos o enemigos, o los motores realmente ecológicos como este:
Un “motorcito” tan eficiente que ha permitido a “una hembra de aguja colipinta del Pacífico (Limosa lapponica baurei), un pájaro de apenas 300 gramos y 35 centímetros de altura, recorrer, de un tirón, 11.500 kilómetros sobre el Pacífico en un único vuelo sin escalas”.
Desde su lugar de cría en la tundra interior de Alaska hasta las zonas de invernada en Nueva Zelanda; siete días y siete noches seguidas sin descanso, sin dormir, sin comer, sin beber, sorteando tormentas y vientos, a una velocidad media de 70 kilómetros por hora.
Señorita, le presento todos mis respetos.
Tal vez este os parezca un post demasiado forzado para un blog de motor, pero no dejéis que el humo de vuestros tubos de escape y de los neumáticos quemados os impida ver maravillas como esta, aunque no utilice derivados del petróleo para moverse.
La crónica de semejante hazaña la tenéis aquí, de la mano de César-Javier Palacios, uno de los pocos periodistas españoles que me tiene realmente enganchado.

