Estas señales “portátiles” empiezan a ser demasiado habituales en las calles de cualquier ciudad. Aunque no dudo de que muchas veces estén perfectamente autorizadas, me temo que a menudo no lo están, y son empleadas por “listillos” convencidos de que tienen más derecho a aparcar que los demás.

¡No me lo puedo creer! En esta calle es casi imposible aparcar, y a lo lejos diviso un hueco libre. Hoy es mi día de suerte; ¡decidido!, en cuanto acabe aquí me voy a echar un boleto a la Lotería Primitiva.

Cuando llego a ese trocito de paraíso terrenal, me encuentro con el “monumento itinerante” que se ve en la foto. La valla y la señal, que para colmo es de plástico. Y ni rastro del papelito que demuestra la conformidad de la policía local.

No está sola. Hay otros dos vallas más; juntas pero lo suficientemente separadas para ocupar, entre las tres, el espacio que necesitarían cuatro coches correctamente aparcados.

¿Qué coño hacen allí?

No hace falta ser muy listo para intuir su parentesco con el edificio en obras que hay en la acera de enfrente. O sea, que están colocadas para que cuando venga el camión con los materiales no tenga que esperar. ¡Qué chicos tan inteligentes!

Cuando un establecimiento hostelero aprovecha la vía pública para colocar una terraza, ha de pagar la correspondiente tasa al ayuntamiento. Lo mismo ocurre con kioscos, vados permanentes, etc. No dudo que estos “espabilaos” habrán pagado el correspondiente permiso de obra, pero no creo que eso les dé derecho a convertirse en agentes de tráfico.

Retiré una de las vallas y aparqué; solucioné el asunto que me había llevado hasta allí y después de buscar, en vano, la autorización de la policía local, hice las fotos. En todo ese tiempo (algo más de media hora) nadie vino a decirme que el coche molestaba. Y es una pena, porque yo iba sin prisas…

Lo de la Primi fue peor: no pillé ni el reintegro.

P.D.: Por si no fuera bastante, unos metros más abajo de la misma calle se repetía la situación. La única diferencia es que esta obra debía de contar con un presupuesto más elevado, pues las señales atadas a las vallas eran “de las de verdad”, de las metálicas.Eso sí, muy usadas.