No me gusta hablar del SEMA Show porque no es un salón de automóviles. Es una feria de accesorios realizada en Estados Unidos. Y eso significa exageración, mal gusto, zafiedad y horterada llevadas a su máxima expresión. Es el carnaval del tuning. Un baile de esperpentos.

Tampoco me gusta el Ford Mustang, que siempre me ha parecido uno de los coches más vulgares y “macarras” de la producción mundial. De hecho ha habido un GT500 varios días dando vueltas por el barrio y ni siquiera me he molestado en hacerle fotos.

Y cuando a algún iluminado se le ocurre preparar un Mustang para que sea digno de aparecer en el SEMA Show, nos podemos encontrar aberraciones como esta. No sé si son las llantas, la parrilla frontal, las jorobas del capó o ese alerón trasero con forma de visillos, pero el coche, poco agraciado de por sí, resulta antiestético se mire por donde se mire.

Pues no, no es ninguno de esos detalles el causante de mi aversión. Es ese monstruoso faldón delantero que lo convierte en un vehículo industrial. Porque lo que se ve en la foto no es un deportivo, es un patético quitanieves. Y para eso, ya tenemos al Unimog.

Si a alguno de vosotros le va el morbo, hay una galería de fotos desde todos los ángulos en autoblog. Yo, con una, tengo bastante.