
Los carteles oficiales del Essen Motor Show definen el evento como “Feria mundial del automóvil, tuning, deporte del motor y clásicos”.
Queda claro, pues: alerones inmensos y neumáticos monstruosos que no son precisamente lo mejor para disminuir la resistencia al aire, vehículos desarrollados para competición con el único objetivo del máximo rendimiento, y preciosos vehículos antiguos fabricados cuando la contaminación y el petróleo no eran aún un problema.
De lo que el cartel no avisa es de que también habrá un elenco de humoristas que intentarán, entre niñas ligeras de ropa, tomar a los visitantes por tontos buscando convencerles de que se encuentran en una feria preocupada por la ecología del automóvil.
En el pasado Salón de Frankfurt podrían haberse camuflado entre la parafernalia montada por los fabricantes, pero aquí resultan demasiado llamativos, por no decir patéticos.
Se habla de “Eco-tuning”, una nueva evolución del trístemente famoso “chip-tuning”. O sea, toquetear la electrónica del coche para aumentar prestaciones y consumos a costa de la longevidad del motor.
Solo que ahora resulta que también puede servir para seguir aumentando la potencia pero, (¡vive dios!) a la par, disminuir los consumos y las emisiones de gases nocivos. O antes eran muy torpes o ahora son demasiado listos.
Y los fabricantes sin enterarse… Los eco-tuneros han descubierto la versión electrónica del bálsamo de fierabrás y lo ofrecen a precio de coste, y sin sonrojarse.
Lo de la ecología dentro del deporte del motor tampoco sé como digerirlo. Los escasos intentos serios a nivel mundial (he dicho serios, así que los bio-combustibles esos con fibras, pasas o bífidus activos para hacer caquita no valen) se pueden contar con los dedos de una mano y todos juntos no servirían ni para llenar el pabellón más pequeño de la feria.
En el apartado de coches clásicos, “ecología” es una palabra que simplemente está fuera de lugar. Son vehículos fascinantes, que merecen más atención de la que generalmente reciben, pero que, por mor de su desfasada tecnología, ni pintados en verde manzana o con los colores del arco iris encajan en el capítulo del “transporte sostenible”.
Ya he dicho que fueron creados cuando el petróleo se describía como “oro negro” (para algunos todavía lo es), y no se les puede fustigar ahora con el hielo derretido de la Antártida. Pero que quede claro que hablo de coches antiguos, no de coches viejos.
Así que, salvo error u omisión, el Essen Motor Show será lo de siempre: grandes y pequeños deambulando por los pasillos con los ojos como platos, y no solo por las carrocerías de chapa y pintura. Me parece perfecto: a todos nos gustan los caballos (de vapor) y los diseños fascinantes.
Pero que no intenten engañar a la gente con barnices ecológicos que, por mucho que estén de moda, no les van a servir para brillar más o mejor.

