
Vista la tendencia de los países civilizados al envejecimiento de su población, los fabricantes de coches empiezan a tener cada vez más en cuenta las necesidades de los conductores de avanzada edad.
Ford ha sido de las primeras en poner en marcha esta, digamos, gerontología automovilística. En un programa piloto, Ford ha cotejado los resultados de investigaciones y simulaciones por ordenador (e incluso un traje especial con movilidad limitada para que los ingenieros se “metan en la piel” de una persona anciana) con la prueba del algodón de 25 “pilotos probadores” con edades entre 60 y 75 años que han circulado con dos de sus modelos, el C-Max y el Fiesta.
En los resultados, destacó el entusiasmo por la regulación eléctrica de los asientos, aunque no gustó tanto la disposición de los botones de control, que deberían situarse en una zona de mejor acceso. Otras mejoras se refieren a una mayor sencillez del salpicadero, y, a ser posible, con las indicaciones de los botones en el idioma del país en vez de en inglés. Una petición habitual es la de disponer de una “tecla de emergencia”, que en caso de accidente o avería permita comunicarse rápidamente con los servicios de urgencia.
Entre los elementos que menos llamaban la atención de los entrevistados figuraban la tapicería de cuero y el techo solar.


