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Si hay algo en lo que todos los conductores coincidimos es en el hecho de que estamos hasta los cojones de los badenes.

No solo han proliferado como si fueran hongos (parece que los alcaldes midieran su éxito político por el número de badenes que colocan), sino que los encargados de ponerlos parecen dan rienda suelta a su creatividad haciéndolos como les sale de las pelotas: demasiado redondos, demasiado altos, demasiado inclinados, con los colores del equipo local de furbol,…

Y por si no fuera suficiente la cantidad de amortiguadores, faldones, embellecedores de escape o vértebras que acaban destrozados por estas molestas chepas, la AA (Automobile Association) británica confirma una víctima más: el clima.

Los badenes obligan a los conductores a repetidas maniobras de frenado y aceleración, lo que lleva a un aumento del consumo de combustible y emisiones de CO2. Esto lo entiende hasta un concejal de tráfico.

La AA ha realizado una investigación para poner cifras reales al problema: el resultado afirma que un coche puede recorrer casi el doble de distancia con la misma cantidad de combustible si circula a una velocidad constante en una vía limitada de 30 millas por hora que si lo hace en una vía con límite de 20 millas por hora pero decorada con badenes.

El estudio confirmó, además, que reducir el límite de velocidad de 30 a 20 millas por hora supone un aumento del 10 por ciento en los consumos, ya que los motores son diseñados para ser más eficientes a velocidades por encima de 30 millas por hora.

Y otro dato aún más preocupante: según el servicio londinense de ambulancias, los 30.000 badenes que infestan la capital son responsables de más de 500 muertes al año al retrasar la llegada de los vehículos de emergencias a personas afectadas por una crisis cardíaca.

Vía: The Times Foto: jaramadirecto