La industria automovilística china se ha propuesto meternos el miedo en el cuerpo ( a los conductores con sus crash-tests y a los fabricantes con sus precios), y vive dios que lo está consiguiendo. El último sobresalto: la venta de Jaguar y Land Rover a Tata aún no está firmada y rubricada, y en China surgen inquietantes rumores de que alguna marca local (Chery, Geely,…) podría hacer una última apuesta y amargarle al magnate hindú el té de las cinco.