Salvando las distancias, la pareja De la Rosa-Fernando Alonso siempre me ha recordado a Carlos Sainz y Luis Moya: el primero se llevaba todos los honores (merecidos, por supuesto), pero el que realmente daba la cara ante la afición y la prensa, y conseguía que los españoles se interesasen por los rallies siempre fue el genial copiloto.

Ahora ha pasado algo parecido: como el que se tenía que haber bajado de su pedestal para dar la cara por su público no lo ha hecho, ha tenido que salir De la Rosa de sus catacumbas para limar asperezas. Sr. Alonso: al final va a tener razón el tio Bernie con eso de que hay que estar más pendiente del negocio.