El baile de números no ha cesado en estas últimas semanas. La cifra que se pretende averiguar es la cantidad de coches con motor de gasolina que circulan por Alemania y que no están preparados para admitir el aumento del porcentaje de etanol que el gobierno quiere imponer por ley (E10).
La cifra mágica es un millón: es el límite que se ha marcado el ministro de medio ambiente, Sigmar Gabriel, para dar marcha atrás en su iniciativa: si el número de coches que no pueden funcionar con combustible E10 (10% de etanol y 90% de gasolina) pasa de los seis ceros, se ha comprometido a retirar la propuesta de imponer el E10, manteniendo el 5% de etanol existente hasta ahora.
La última estimación de los fabricantes alemanes calcula unos 190.000 construidos en Alemania que no soportarán el E10 y se verán obligados a repostar gasolina Super Plus, con el consiguiente encarecimiento del llenado del depósito. Con anterioridad se había hablado de 375.000 unidades.
Pero hay que sumar los vehículos de fabricación extranjera que, y todo parece indicar que la suma superara la mágica cifra del millón.
De ser así, el Sr. Gabriel y sus adláteres tendrán que tirar del freno de mano en su alocada carrera por imponer los biocombustibles a toda costa.
Sería lo ideal, ya que las supuestas bondades de los agrocombustibles están cada vez más en entredicho. Esperemos que no tengan la misma catadura moral que los políticos españoles, que no se sonrojan a la hora de ceder a intereses espúreos y tiran de estadísticas convenientemente interpretadas o del tan manido “donde dije digo, digo Diego”.


