La carrera tecnológica en la que la F1 está inmersa desde hace años, causa estragos entre las filas de los denominados “equipos pequeños” y que también ha llevado a la vida vegetativa al fabricante holandés Spyker por citar los más recientes.
El último damnificado ha sido Super Aguri, con la fallida inyección de dinero que esperaba recibir en estos días de un consorcio árabe y que no se concretó finalmente. Y ni siquiera han estado presentes en las últimas sesiones de pruebas en el circuito español de Montmeló, lo cual da una clara indicación de la delicada situación al no tener el dinero necesario al menos para la logística del equipo.
Super Aguri depende ahora del deseo y la buena voluntad de Honda, su principal proveedor de repuestos, incluso para seguir en el campeonato (lo cual es muy incierto); a la misma Honda se le adeuda gran parte del dinero que iban a recibir y que no llegó…
De todas maneras, las esperanzas nunca se pierden y siguen la búsqueda de nuevos inversores, mientras vemos cómo la F1 se convierte cada día más en una corte de magnates de la tecnología.

