Dejando abierta la discusión sobre el grado de responsabilidad que el automóvil pueda tener en el cambio climático, hay una tendencia que parece perfilarse con claridad: la industria automovilística mundial, más que enfriarse, parece dirigirse inexorablemente hacia su propia era glacial.
La conciencia ecológica aún no ha calado en el conductor medio. Primero porque hemos sido bombardeados con datos falsos que intentan colocar al propietario de un vehículo como el culpable de todos los males que aquejan al planeta. Sobre todo, teniendo en cuenta que el gran problema de la Tierra no es el cambio climático (vaya en la dirección que vaya), sino el haber permitido sobrevivir a una especie animal tan prolífica y sucia como la nuestra. Superpoblación y contaminación (y no sólo atmosférica); esos son los verdaderos problemas de nuestro planeta, antaño azul.
Segundo, porque la clase dirigente (autoerigida en nobleza ignorante -como en la edad media- que hace y deshace a su antojo sin que nadie pueda controlarla) ha demostrado su nulo interés por el equilibrio del medio ambiente. Su empeño en achicharrarnos con mensajes destinados a volvernos más “verdes” y “responsables” choca de frente con su manera de entender el “chollo” que disfrutan en sus puestos: más caro, más grande, más lujoso, … y no me refiero sólo a sus coches de representación (esos que les pagamos entre todos).
Ha hecho falta que el precio del petróleo alcance cifras mareantes para empezar a darnos cuenta de que quemar más combustible del estrictamente necesario no sólo no es “ecológico”, sino que, simple y llanamente, es del género tonto. Es tirar por el tubo de escape de nuestro coche un dinero que nos puede venir muy bien para otras cosas. Es empezar a comprender que no necesitamos más de 200 C.V. para salir de vacaciones, y mucho menos para ir todos los días al trabajo.
Incluso el que va a la oficina en un SUV de 500 C.V. empieza a dudar si merece la pena un presupuesto tan elevado en gasolina para que todo el mundo sepa que él es el dueño de la oficina.
¿Hasta dónde llegará el precio del barril de petróleo? Una pregunta difícil de contestar, sobre todo porque nadie sabe a ciencia cierta si la escalada se debe a un exceso de demanda, a una disminución de las reservas reales, o al peligroso juego de los especuladores. Independientemente de la o las causas reales, una cosa es segura: los tiempos del barril de petróleo a 50 ó 60 dólares han pasado a la historia.
Y en esta tesitura, a la industria automovilística mundial le empiezan a temblar las rodillas ante la perspectiva de una crisis a nivel casi global. Mientras los países emergentes, sobre todo asiáticos, no tienen intención de renunciar a su lógica carrera por entrar cuanto antes en el “primer mundo” civilizado y motorizado, los mercados europeo y norteamericano comienzan a perder pie viendo que las ventas no sólo están disminuyendo, sino que están cambiando.
Las compañías automovilísticas de Estados Unidos se van a llevar el golpe más fuerte. Acomodados en su american way of life basado en la convicción de que el petróleo es barato y no se va a acabar nunca, han seguido produciendo sus típicos coches americanos: grandes, pesados, con motores inmensos y una sed insaciable. Y el cliente típico, que siempre ha adorado estos cacharros, los sigue adorando pero se ha dado cuenta de que le resulta demasiado gravoso darles de comer. Muy a su pesar, se tiene que decantar por vehículos más “racionales” y, en ese segmento, la oferta de los fabricantes extranjeros es netamente superior a la de los constructores nacionales.
Las marcas europeas están en mejor posición para aguantar el primer asalto. Manejan coches y motores más pequeños; pueden ofrecer al cliente modelos más sensatos, menos glotones.
En contrapartida, han perdido el ritmo en dos frentes. Aún no están en disposición de ofrecer propulsores suficientemente alternativos (híbridos, gas, sistemas de recuperación energética eficaz, pequeños urbanos eléctricos, etc.). Lo que tienen en catálogo no son más que leves variaciones sobre el mismo tema, el motor de combustión interna. De hecho, a día de hoy, ningún fabricante europeo comercializa un solo coche híbrido.
Los experimentos europeos que se han efectuado en este campo con flotas cautivas (autobuses urbanos, algunos taxis, vehículos de reparto con ruta fija, etc.) han sido meramente anecdóticos.
Ahora no tendrán más remedio que ofrecer, a marchas forzadas, nuevas tecnologías, y lo harán a precio de oro. De este modo se expondrán a un peligro aún mayor: la guerra de precios con los fabricantes asiáticos, que vienen dispuestos a conseguir una buena tajada del mercado. A propósito: su efecto sobre el comercio de coches de segunda mano va a ser espectacular.
Pero la verdadera víctima de toda esta coyuntura es el cliente final: el coche particular no es un lujo; es un derecho y, en muchos casos, una necesidad (sobre todo en países como el nuestro, donde el transporte colectivo sigue siendo una puta mierda). La oferta de tecnologías ahorradoras de combustible sigue siendo mínima. La ventaja del diesel se ha difuminado al superar el precio de la gasolina. Y los coches siguen siendo demasiado caros; no sólo de adquirir, sino también de mantener.
El camino a seguir parece claro: mientras nuestros coches sigan dependiendo del petróleo, habrá que volver a coches más pequeños, más ligeros, más ahorradores, más funcionales y, además, más asequibles.
Los constructores tienen que invertir más en buscar nuevas tecnologías de propulsión y olvidarse de tanto equipamiento, salvo el de seguridad. Su tarea prioritaria en estos momentos es librar al automóvil de su esclavitud petrolera. Y no me refiero a sustituirla por la tiranía de un enchufe en la pared. Eso sería romper las cadenas de la industria petrolera para caer en las redes (nunca mejor dicho) de las compañías eléctricas. Ambas son malas compañías.
El lugar correcto de la industria automovilística está junto a un sector muy concreto de empresas de energías renovables: las que pueden solventar el futuro energético del planeta mediante energía solar, energía eólica e hidrógeno.
En cuanto consigan sacarnos de la esclavitud actual, volverán a tener carta blanca para poder hacer coches grandes, lujosos y potentes en los que el precio de llenar el depósito no esté a merced de oscuros intereses de individuos que acostumbran a desplazarse en vehículos de gran cilindrada.
Fotografía: ImageShack



“las que pueden solventar el futuro energético del planeta mediante energía solar, energía eólica e hidrógeno.”
como siempre estamos de acuerdo en todo salvo en el tema de donde sacar la energía, yo sigo pensando que el hecho de conectar el coche a la pared es funcional si producimos la suficiente electricidad y creo que la energía nuclear nos daría todo el tiempo necesario, y para coches mas grandes, hidrogeno, no creo que la energía solar o eólica sean la solución, tal vez una ayuda pero nada mas, al menos mientras no conozcamos otras formas de obtener energía que no sea del movimiento (es decir, hacer funcionar un motor al revés).
Saludos
Saludos, Juri: independientemente de la simpatía o antipatía que pueda despertar la energía nuclear, lo que me preocupa es que sigue el mismo esquema actual: grandes empresas productoras de energía que venden su producto sin dejar de mirar por el rabillo del ojo a sus accionistas.
Mi interés por la energía solar se basa no solo en creer firmemente que puede ser más que suficiente para abastecer al planeta. También ofrece la posibilidad de instalaciones a pequeña escala que permitan producir energía eléctrica (almacenable en forma de hidrógeno) de modo que tengamos mayor independencia de las grandes compañías, así como producirla en lugares remotos para el consumo local. Supondría un cambio total en el mapa energético mundial.
La energía dejaría de estar en manos de unos pocos. Y evitaríamos situaciones como la que estamos viviendo en la actualidad, con el petróleo estrangulando la economía mundial y las eléctricas metiendo la mano en nuestras carteras con excusas difíciles de entender.
Enhorabuena por el artículo, me ha encantado como está redactado y las ideas que expones, concretas y claras.
¿y un proteccionismo de verdad? igual no todo el mundo puede ponerse esas instalaciones individuales, sino que al igual que ahora que el precio de la luz está subvencionado, subvencionarlo de verdad, porque sino se forra el de la empresa eléctrica, se van a forrar los fabricantes de paneles y los instaladores,…
por eso pienso que si se regula desde el estado (y esto no le parecerá bien a mucha gente) se pueden hacer grandes cosas.
El hecho de que estemos en la situación actual, no es que vayamos en coche a comprar el pan o dejemos la luz encendida todo el día (que no esta muy bien de ninguna manera), porque a fin de cuentas todo el mundo paga sus impuestos para que los políticos lo inviertan en mejorar la situación, y el libre mercado que no establece ningún tipo de regla o de valores acrecienta el hecho de que todas las empresas miren el dinero por encima de todo, que además es lógico, ellas también pagan haciendas,…
Es un circulo del que es difícil salir, y por lo visto hasta que el petróleo no cueste mas que el oro y a alguien se le acabe el negocio no va a buscar nada alternativo, y ¡ojo! menos mal que lo alternativo es algo verde, porque si hubiesen encontrado algo mas para quemar, ya podemos asegurar que lo quemarían hasta acabarlo
no entiendo que te opongas a los coches electricos pero luego digas que la solucion esta en los coches electricos alimentados por energia solar y eolica, supongo que te referiras a que no quieres que una gran empresa pueda suministrar la electricidad, pero ¿quien sino iba a hacerlo? ¿tu poniendo una placa solar en la ventana de tu piso?
Y ademas y eres tan ingenuo para creerte las metiras de que la energia solar o eolica pueden ser una alternativa para algo, lo llevas claro.
Desafortunadamente la alternativa más directa al petroleo en la produccion de energía es el carbon. Actualmente ampliamente utilizado y con la pega de emitir gases más contaminantes.
El problema de la mayoría de las energías limpias (que no incluyen los biocombustibles) es que no es fácil acomodarlas a las demandas humanas. Salvo la energía hidraulica por embalse, en las energías limpias no es posible actuar sobre picos concretos de demanda (la final de un campeonato de futbol por ejemplo).
Desde mi punto de vista las energías limpias empezarán a ser importantes cuando tengamos maneras rentables de almacenar la energía producida, ya sea químicamente (en forma de hidrógeno) como físicamente (bombeando agua a gran altura).
Xender: precisamente eso es lo que hace el hidrógeno, el exceso de producción eléctrica puede transformarse en hidrógeno y este convertirse en electricidad cuando haya fuerte demanda.
Un auto en una inversión cara que solo utilizamos una pequeña parte de nuestro tiempo, la mayor parte del día aparcado eo en el garaje.
Imagínate que durante la noche cuando la electricidad es mas barata o los días de tormenta de gran generación eolica tu coche enchufado a la red se dedique a producir hidrógeno.
para usarlo por la mañana para ir a lo oficina o si se queda parado en el garaje revender energérgía a la red eléctrica en los momentos de mayor demanda.
Con solo sustituir el parque automovilístico se pasaría de una red eléctrica centralizada a una distribuida pode incluso los particulares ganarían dinero.
Os recomiendo este vídeo donde se tratan muchos de éstos temas:
http://video.google.com/videoplay?docid=-2448268688717262589&q=la+revolucion+del+hidr%C3%B3geno&ei=uIdWSPfnEIqMjgLMp_joDw
Por cierto GM parece haber invertido mucho tiempo y dinero en vehículos de pila de combustible. ¿Consegurán desarrollar un modelo barato y fiable?
Bueno Vidal, te estas adelantando mucho.
Primero decirte que a priori una pila de combustible de Hidrógeno no puede trabajar a la inversa, además de que sería complicado conseguir agua pura para alimentar el proceso de hidrólisis.
Los escritos de la economía del hidrógeno va muchos años por delante, empezando porque no solo hay que inventar la tecnología. Además hay que conseguir que sea barata y hay que conseguir que tenga una alta disponibilidad.
De todos modos me gustaría decir que solo el 12% del CO2 es emitido por los vehículos particulares. Hay muchos sectores donde será complicado sustituir los derivados del petroleo, como en la aviación, donde se necesita que motores relativamente pequeños consigan grandes potencias.
Por algún sitio habrá que empezar, la cosa es ir cambiando el sistema, los avances ya irán llegando. No vamos a tener una única solución, sino que será la suma de muchas actuaciones diferentes.
Para empezar hay que ahorrar y ser más eficientes, favorecer el tren en las mercancías, mejorar el transporte público, mejorar la eficiencia energética de las edificaciones. Diversificar las formas de obtención de energía, sobre todo las soluciones baratas y a pequeña escala.
Si hay pilas de combustible que trabajen a la inversa, el problema por ahora es su eficiencia comparada con las unidireccionales. El agua destilada sirve perfectamente para la electrólisis.
También esta el prometedor ejemplo de la empresa japonesa Genepax y su coche que solo funciona con agua, gracias a una membrana que fuerza químicamente la separación del hidrógeno y del oxígeno del agua. Soy un poco escéptico porque seguro que hay que recambiar la membrana frecuentemente y no saldrá muy barato.
Inventar la tecnología saldrá muy rentable solo hay que fijarse en la industria informática: ¿Cuanto costaba un disco duro de 1gb hace una década, o uno de 10mb hace 30 años, o uno de 500gb ahora?
Lo mismo se puede decir de lo procesadores, monitores…
Lo que hace falta es poner en marcha la industria y que alguien invierta los primeros miles de millones. Como cuando se fundo intel en los 60, no creo que nadie se arruinara con la inversión, mas bien todo lo contrario.
En cuanto al transporte aéreo sus emisiones ahora suponen el 2% del total y el 5% para el año 2050. No son excesivamente preocupantes, tanto Boeing como Airbus trabajan en mezclas con biocombustibles y sobre todo en aviones más ligeros y eficientes.
Muchas industrias tendrán que cambiar de materia prima en sectores como en la industria química o la agricultura por el tema de fertilizantes, plásticos y demás. Incluso el precio de la pintura ha subido escandalosamente con el alza del crudo.
En cuanto al automóvil veremos motores más pequeños y más modelos híbridos e híbridos enchufables donde las baterías cada vez serán más relevantes hasta que durante la siguiente década se desarrollen pilas de combustible más eficiente fiables y baratas.
Aunque creo que la época del transporte barato se va a terminar y la gente se moverá menos. Supongo que al final las cosas no estarán tan mal, puede que redescubramos la bicicleta y el vivir cerca del trabajo. Los productos cultivados cerca de nuestras ciudades vuelvan a ser rentables y quien sabe cuantas cosas más serán diferentes.