A pesar del claro retroceso que ha sufrido el etanol a nivel mundial, en Brasil las cosas son un poco diferentes; con una economía ya ajustada a muchos años de producir etanol y siendo el segundo productor mundial, es de esperarse que este combustible sea más perfeccionado que en el resto del mundo.

Según un estudio de calidad de biocombustibles llevado a cabo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, el etanol producido en Brasil -de la caña de azúcar- ayuda a reducir las emisiones en hasta un 90%, mientras que el producido por el primer productor mundial, EE. UU., sólo colabora en un rango que va del 20 al 50% en reducción de emisiones. El etanol europeo -con alguna cantidad realizada a base de trigo- resultó un poco mejor con un promedio del 30 al 50%.

Entre las sugerencias de la OCDE, se menciona el establecimiento de niveles mínimos de calidad que les sean impuestos a todos los productores de etanol para reducir el efecto invernadero.

Ojalá la OCDE -y muchas más organizaciones independientes- se dedicara también a prestar apoyo a quienes piensen que la solución no está precisamente en los biocombustibles.