Para 1952, momento en que comenzaban a editarse las primeras novelas escritas por Ian Fleming, no era ni siquiera un modelo nuevo ni era el más veloz. ¿Porqué Fleming adoptó al Bentley 4.5 litros de 1930 como el coche personal de James Bond?
Lo cierto es que a pesar de que en las novelas de Bond el coche se encontraba en desventaja durante las persecuciones, la pluma de Fleming lo inmortalizó como uno de los más grandes tesoros del agente secreto: “siempre bien afinado para alcanzar los 170”. Y no era para menos: con 4.5 litros, cuatro cilindros en línea y un turbocargador Amherst-Villiers, curiosamente emplazado afuera del motor, el coche alcanzaba efectivamente hasta 170 km/h y no era precisamente un vehículo de paseo. Era un coche de carreras de época para la calle, como podría ser hoy en día un Lamborghini o un exclusivo Maserati MC12 Corsa, alcanzando un modelo similar, la victoria en las 24 Horas de Le Mans de 1928.
Novelísticamente hablando, el Bentley fue destruido en una persecución (en la que el mismo Bond no salió muy bien parado) a la par de un Mercedes y un Alfa Romeo, magistralmente descripta por Fleming en la novela de Moonraker. Más tarde se le entregaría un Bentley Continental Mk VI en reemplazo del viejo “4.5”.
Hoy en día, las películas nos deleitan con el espectacular Aston Martin DBS V12, otro ejemplar que marcará historia en la saga de vehículos a disposición de Bond. James Bond.
