
Un desaprensivo conductor en Italia, cuando circulaba por una carretera secundaria, arrolló a un perro y ni siquiera se detuvo a comprobar el daño en su vehículo, hasta unos 90 km después, cuando encontró al pobre animal metido dentro del morro de su Peugeot 207 y con una pata rota. Hasta aquí, lo que dice la noticia.
Mi versión o, si se quiere, como yo creo que fue, al margen del manejo mediático: el perro encontró muy cómodo dormirse una siesta cobijado por el calor del motor (tal vez el conductor del Peugeot acababa de estacionarse) o simplemente lo tomó como un buen refugio para protegerse del frío.
Si hubiera sido atropellado a más de 100 km/h, como se dice, el perro y el morro del Peugeot hubieran quedado destrozados; uno a la vera de la carretera y el otro con una elevada factura en reparaciones.


