
Mucho se ha hablado estos días sobre la preocupante caída de las ventas de coches en España. Que si la crisis, que si la semana santa, que si la retirada del prever, que si los cambios en el impuesto de matriculación, qué se yo…
¿Crisis? No estamos ante una crisis, y menos ante una crisis inmobiliaria. La avaricia les rompió el saco, eso es todo.
Estamos ante una estafa a nivel nacional, alimentada por la banca y consentida por la política. Es época de cosecha, de recoger los frutos podridos tras la tormenta financiero-ladrillera en la que los españoles nos hemos visto sumidos por estar más pendientes de los resultados de la liga de fumbol y de los repostajes de Fernando Alonso que de la inmensa bola que el gran capital y sus lacayos estaban amasando delante de nuestras narices.
¿Semana santa? Qué quieren que les diga, todo lo que tenga que ver con la religión solo puede provocar daño. Pero hay que admitir que, entre procesiones de santos y procesiones de coches, es una semana prácticamente sin actividad en el sector.
¿La eliminación del plan prever? Está claro que es un factor a tener en cuenta, ya que muchos compradores que estaban “maduros” decidieron adelantar la compra de un coche nuevo antes de que las condiciones empeoraran con el cambio de año.
¿El impuesto de matriculación verde? Evidentemente ha influido, pero su efecto lógico hubiera sido el trasvase de ventas desde los segmentos más perjudicados hacia modelos con menos carga impositiva.
Sin olvidar que una medida así apenas afecta a la categoría de gran lujo. Al que está dispuesto a soltar billetes por valor de más de 200.000 €uros por el coche de sus sueños le traen sin cuidado este tipo de menudencias.
¿Entonces, qué está pasando en el mercado automovilístico español?
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