Los carteles oficiales del Essen Motor Show definen el evento como “Feria mundial del automóvil, tuning, deporte del motor y clásicos”.

Queda claro, pues: alerones inmensos y neumáticos monstruosos que no son precisamente lo mejor para disminuir la resistencia al aire, vehículos desarrollados para competición con el único objetivo del máximo rendimiento, y preciosos vehículos antiguos fabricados cuando la contaminación y el petróleo no eran aún un problema.

De lo que el cartel no avisa es de que también habrá un elenco de humoristas que intentarán, entre niñas ligeras de ropa, tomar a los visitantes por tontos buscando convencerles de que se encuentran en una feria preocupada por la ecología del automóvil.

En el pasado Salón de Frankfurt podrían haberse camuflado entre la parafernalia montada por los fabricantes, pero aquí resultan demasiado llamativos, por no decir patéticos.

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