Tras meses de simulaciones, pruebas en circuitos cerrados, salidas nocturnas, etc., a todo modelo nuevo le llega el momento de demostrar sus cualidades en las carreteras públicas, y a plena luz del día.

Al coche todavía le faltan unos meses para poder ser expuesto al público y la discreción se hace necesaria. Un paseo en el que resulta casi imposible no cruzarse con el objetivo de una cámara digital o de un teléfono móvil. El coche aparece camuflado para que no se le vean las hechuras.

El camuflaje clásico lo conocemos de sobra: grandes paneles de fibra negra para tapar las nuevas formas, e incluso hacerlas parecer como no son en realidad. El sistema, que suele resultar eficaz, tiene algunos inconvenientes.

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