Aunque en estos días todo el mundo mira horrorizado hacia Austria por el impactante caso de incesto y secuestro que aparece en todos los medios de comunicación, también llegan noticias menos llamativas que demuestran que, al margen de las aberraciones de un tarado, Austria es uno de las países más avanzados del continente.

El protagonista es un tal Michael Neureiter, un político conservador de esos que, como afirma en la web oficial, “intentan llevar los valores cristianos a la política” y que, con tan ardua tarea, llegó a ocupar la vicepresidencia del parlamento regional de Salzburgo.

Pero el pasado miércoles debió de dejarse la biblia en casa y, a consecuencia de tamaño despiste, la policía lo cazó al volante de su vehículo con una tasa de alcoholemia de 1,8 g./litro de sangre. Además reconoció que con el permiso de conducir suspendido por el incidente, volvió a coger su coche un día después.

Estos hechos, que a un político español solo le costarían una sonrisa burlona frente a las acusaciones de sus opositores (“todo es una campaña de desprestigio orquestada por un rencoroso mando policial intermedio al que me negué a recalificar unos terrenitos”) y esperar a que pase el chaparrón mientras aflora un nuevo caso de corrupción urbanística, al beato parlamentario austriaco le han llevado a pedir disculpas públicamente y a presentar su dimisión del cargo.

Vergüenza política de la que muchos políticos sinvergüenzas carecen.

Vía: oe24.at