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El ministro de tráfico alemán, Wolfgang Tiefensee, ha revelado en unas declaraciones al rotativo “Welt am Sonntag” que el gobierno alemán ha visto por fin la luz y que, a través de su ministerio, invertirá 500 millones de €uros durante los próximos diez años en un programa para desarrollar la célula de combustible como propulsor para coches, autobuses y barcos.

La industria alemana (con la automovilística al frente) destinará al proyecto una cantidad similar.

Con esta decisión, el gobierno alemán intenta evitar el error que han padecido tanto Estados Unidos como Japón, que a día de hoy no se han planteado a nivel político un programa a largo plazo para impulsar la investigación del hidrógeno y la célula de combustible.

Todo indica que el paso que dieron hace poco Daimler, Ford y Ballard no acabará cayendo en un pozo (petrolífero) y recibirá el respaldo político que necesita. Parece que Alemania quiere recuperar el tiempo perdido y apunta directamente hacia la meta: el hidrógeno como combustible del futuro.