¡Y yo que pensaba que sólo pasaban estas cosas en Latinoamérica! La corrupción está presente en todos lados, como ha sido el caso recientemente ventilado de las matrículas especiales californianas, que no pagan multas de tráfico y cuyos poseedores literalmente tienen carta blanca para hacer lo que se les antoje en la vía pública.
En 1978, el estado de California creó un programa llamado Programa de Datos Confidenciales hecho especialmente para los policías y otros empleados “de riesgo” del gobierno. El objetivo era que ningún criminal tuviera acceso a sus datos privados ni conociera sus domicilios, a través de las matrículas de sus coches.
Hoy en día el sistema se degeneró y las matrículas especiales son portadas por parientes y amistades de las personas para quienes se creó originalmente. Esto hace que la policía de tráfico (y las famosas cámaras de tráfico) no tenga acceso a sus domicilios en las bases de datos y, por consiguiente, que sea imposible imponerles una infracción.
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Gracias al aviso de Circula seguro llegué a tiempo para verlo en televisión. Gracias al “mal uso” que hacemos de la red, hoy ya lo tenemos disponible en YouTube.
Un interesante reportaje de investigación en el que se podía ver a politicuchos, cantamañanas y famosetes pasándose por el forro las normas de circulación.
El momento cumbre fue, sin lugar a dudas, la grabación en la que se veía al sr. Pere Navarro (Director de la DGT) haciendo caso omiso (eso sí, por obra y gracia de su chófer) a una de sus normas de tráfico favoritas: la limitaciones de velocidad.
Aunque a muchos es posible que les gustara más la vueltecita del alcalde de Madrid, el sr. Alberto Ruiz Gallardón.
A ver lo que tardan en justificar estos actos considerándolos “pecata minuta” en gente tan ocupada e importante. Estos detalles solo deben preocupar al ciudadano de “a pié”, o sea, al que tiene que ir caminando por haber perdido todos los puntos de su carnet de conducir.
Vía: Menéame
Estas señales “portátiles” empiezan a ser demasiado habituales en las calles de cualquier ciudad. Aunque no dudo de que muchas veces estén perfectamente autorizadas, me temo que a menudo no lo están, y son empleadas por “listillos” convencidos de que tienen más derecho a aparcar que los demás.

¡No me lo puedo creer! En esta calle es casi imposible aparcar, y a lo lejos diviso un hueco libre. Hoy es mi día de suerte; ¡decidido!, en cuanto acabe aquí me voy a echar un boleto a la Lotería Primitiva.
Cuando llego a ese trocito de paraíso terrenal, me encuentro con el “monumento itinerante” que se ve en la foto. La valla y la señal, que para colmo es de plástico. Y ni rastro del papelito que demuestra la conformidad de la policía local.
No está sola. Hay otros dos vallas más; juntas pero lo suficientemente separadas para ocupar, entre las tres, el espacio que necesitarían cuatro coches correctamente aparcados.
¿Qué coño hacen allí? Continuar leyendo »