La industria automovilística amenazada por un enfriamiento global
Dejando abierta la discusión sobre el grado de responsabilidad que el automóvil pueda tener en el cambio climático, hay una tendencia que parece perfilarse con claridad: la industria automovilística mundial, más que enfriarse, parece dirigirse inexorablemente hacia su propia era glacial.
La conciencia ecológica aún no ha calado en el conductor medio. Primero porque hemos sido bombardeados con datos falsos que intentan colocar al propietario de un vehículo como el culpable de todos los males que aquejan al planeta. Sobre todo, teniendo en cuenta que el gran problema de la Tierra no es el cambio climático (vaya en la dirección que vaya), sino el haber permitido sobrevivir a una especie animal tan prolífica y sucia como la nuestra. Superpoblación y contaminación (y no sólo atmosférica); esos son los verdaderos problemas de nuestro planeta, antaño azul.
Segundo, porque la clase dirigente (autoerigida en nobleza ignorante -como en la edad media- que hace y deshace a su antojo sin que nadie pueda controlarla) ha demostrado su nulo interés por el equilibrio del medio ambiente. Su empeño en achicharrarnos con mensajes destinados a volvernos más “verdes” y “responsables” choca de frente con su manera de entender el “chollo” que disfrutan en sus puestos: más caro, más grande, más lujoso, … y no me refiero sólo a sus coches de representación (esos que les pagamos entre todos).
Ha hecho falta que el precio del petróleo alcance cifras mareantes para empezar a darnos cuenta de que quemar más combustible del estrictamente necesario no sólo no es “ecológico”, sino que, simple y llanamente, es del género tonto. Es tirar por el tubo de escape de nuestro coche un dinero que nos puede venir muy bien para otras cosas. Es empezar a comprender que no necesitamos más de 200 C.V. para salir de vacaciones, y mucho menos para ir todos los días al trabajo.
Incluso el que va a la oficina en un SUV de 500 C.V. empieza a dudar si merece la pena un presupuesto tan elevado en gasolina para que todo el mundo sepa que él es el dueño de la oficina.



