
Se acabaron los paños calientes. Terminado el recuento de votos, hay que mantener el hábito para lo que realmente importa: contar billetes.
Para que a la caja del ayuntamiento de Madrid no se le vea el fondo, a partir de las 00:00 horas de este lunes los radares económicamente “estratégicamente” ubicados en los túneles de la M30 comenzarán a meter mano al bolsillo de todo conductor que ose adentrarse en las tinieblas de los pasos subterráneos de la villa y corte a la espeluznante velocidad de más de 79 km/h.
79 km/h.: un índice financiero de lo más elástico, pues al contrario que el Euribor (que ahora le ha dado por subir) este presenta bajadas sorpresivas (en el resto de la “Calle 30”, la limitación es de 90 km/h.)
En total son 16 cajeros automáticos radares preparados para autoamortizarse en el menor tiempo posible. Las fotos costarán entre 90 y 400 €urazos, pero no ha duda de que tendrán calidad profesional.
Como apéndice a vuestra ya muy manoseada agenda del contribuyente, aquí están las ubicaciones de estos eficacísimos instrumentos financieros:
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Tanto se ha empeñado la DGT en controlar la velocidad de los turismos en las carreteras confiando únicamente en el rentable quehacer de los radares, que al final se ha producido la paradoja que tanto nos temíamos los conductores de turismos.
Los radares de la DGT son aparatitos especialmente entrenados para saber, con notable precisión, la velocidad a la que circula un automóvil; sin embargo, su afición por el mundo del motor es nula. Tanto, que no solo son incapaces de distinguir un Ferrari de un Lamborghini, sino que no llegan a diferenciar un vehículo de turismo de un camión de cinco ejes o de un autobús interurbano.
Resultado: estos cacharros solo disparan el flash cuando “algo” pasa por su zona de influencia a más velocidad de la que las autoridades competentes consideran permitida. Si el objeto no identificado supera la cifra mágica, la foto identifica, más allá de toda duda razonable, la matrícula.
En caso contrario, el radar mira para otro lado, y no se entera de que lo que acaba de pasar adelantando por el carril central a 120 km/h. era un trailer de 40 toneladas cuya limitación genérica en autovía es de 90 km/h. O un autobús, cuya velocidad máxima está establecida en 100 km/h.
Entre tanto, en la DGT se entretienen preguntándose si las autocaravanas pueden o no circular a 120.
Vídeo donde se muestra la eficacia disuasoria recaudadora de los radares en España.
Carretera de entrada al túnel de Santa Coloma, dirección Barcelona. Limitación a 80 km/h.
Los que se han molestado en contarlos, dicen que en 7 minutos de grabación se ven 225 disparos del flash. 32 multas por minuto; 1.800 a la hora. Multipliquen por el importe de las sanciones y verán la rentabilidad del negocio.
Solo falta que nos digan que el flash funciona con bombillas de bajo consumo, por aquello de ahorrar energía.
Vía: menéame
Hoy es 8 de octubre. Si circula por Salzburg, tenga mucha precaución en la calle Moosstrasse porque habrá un radar de control de velocidad. Lo sé porque el propio Ayuntamiento de la ciudad lo anuncia en su web. El negocio no parece especialmente rentable, pero no hay duda de que es mucho más ético.

Mientras en este pais lo más habitual es “tirar la foto y extender la mano” en una descarada actitud recaudatoria, existen “paraísos viales” donde la utilización de radares persigue fines menos lucrativos pero más rentables desde el punto de vista de la seguridad vial.
Uno de estos lugares “idílicos” es la ciudad austriaca de Salzburg, en cuya página web aparece todos los meses un listado confeccionado por la propia policía local donde se especifica la ubicación de los radares móviles para cada día del mes.
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Los radares: ¿sí o no? El sistema de los radares ha sufrido un serio revés en Inglaterra

Elementos del gobierno británico han sido acusados de desvío de fondos recaudados en concepto de multas por los radares de velocidad, hacia otros usos en lugar de dar más seguridad vial y mantener en mejor estado la red de carreteras.
Varias ciudades han reducido su presupuesto para mantener los radares y cámaras-radar y otras amenazan directamente con no dar ni una sola libra más a un sistema que lo único que hace es recaudar dinero a costillas de los conductores, no salva vidas y no aporta nada nuevo a la educación vial de la gente.
No estoy a favor de la anarquía pero tampoco de soportar la filosofía de los estados o de los gobiernos ávidos de dinero, que son mayoría y hay que reconocerlo: todo hacia aqui, nada hacia allá.